25 sept. 2014

Centenaire Charles Péguy (1914-2014).


 
 Tras una serie de estancias en París, Orleans y Chartres para la realización de mi tesis doctoral sobre Charles Péguy me sorprendió que, para los franceses menores de 40 años Péguy es un completo desconocido. Incluso los jóvenes profesores titulares de literatura tienen que consultar quién fue Péguy porque, si bien les suena, no podrían asegurar de quién estamos hablando. Péguy no está en sus programas de concours ni tendrán que explicarlo en clase, porque no se estudia en la educación básica, ni en la media. Tampoco forma parte de las lecturas obligatorias en la educación superior. Puede parecer una exageración este destierro pero no lo es, Péguy es un sans-domicile fixe intelectual. Lo que ocurre es que, como dicen los franceses, il n’est pas bien-aimé o il n’est pas très aprécié en France. ¿Cómo no van a ignorar las generaciones más jóvenes su existencia?

Una obra fundamental para los jóvenes franceses que se interesen por la política debería ser  Notre Jeunesse. Fue traducida en Alemania en 1918 por la revista Die Aktion, de editorial miscelánea, que englobaba tanto a socialistas pacifistas como a anarquistas y marxistas revolucionarios. Posteriormente la revista traducirá Notre Patrie. Parece ser que la motivación para que una revista que se va radicalizando cada vez más hacia el marxismo publique las obras de Péguy, estaba en su oposición a una República de Weimar conservadora y nacionalista que la editorial consideraba “una república falsa y aburguesada.” Péguy representa un republicanismo de izquierdas pero patriótico que aquella izquierda alemana quiere hacer valer como ejemplo de la no contradicción entre izquierda y patriotismo, al tiempo que aprovecharían las afiladas críticas peguianas contra la burguesía y los liberales.

Como dice Kohlhauer y en tanto leer a Péguy no es fácil, el cada vez menor nivel intelectual y cultural, sumado a una falta de interés por la relación entre cultura y política ha ido marginando a Péguy desde mayo de 1968 en adelante. Su estudio ha quedado relegado a eruditos y académicos. Pero además, muchos franceses que han oído hablar de Péguy lo ubican en un espectro político nacionalista y católico que se presenta como políticamente incorrecto, lo que añade más marginación. Sin embargo, olvidan que durante la ocupación alemana de 1940 a 1944 la lectura de Péguy sirvió de inspiración para los franceses de la resistencia.Con razón la enciclopedia Espasa-Calpe en su edición de 1920 describe a Péguy con esta breve nota: “Sus panfletos iban dirigidos contra todos los que, según él, ponían en peligro el alma y el suelo franceses.”

Las décadas de 1950 y 1960 fueron las más fructíferas para la literatura acerca de la vida y la obra de Charles Péguy. De hecho, el mayor número de estudios y obras sobre Péguy se encuentra entre esos veinte años en los que podríamos decir que se asistió a una especie de fiebre peguiana. Incluso Jean Delaporte aseguró que “Ya se ha dicho todo sobre Péguy” y no es necesario escribir nada más. Esa copiosidad de literatura no provenía de escritores de izquierdas como en la década de 1920. Ahora se escribe sobre Péguy como referente cristiano y seguramente los no conformistas franceses de los años treinta fueron el motivo, especialmente con la actualización peguiana de Mounier en La pensée de Charles Péguy (1931) y Révolution personnaliste et communautaire (1935). 

En la década de 1960, coincidiendo con los diez años de mandato de Charles de Gaulle, en los trabajos sobre Péguy se pueden observar los guiños dirigidos a un público católico, incluso en ocasiones tan nacionalista como el gaullismo. Con esto, podremos ya percatarnos de una versatilidad en Péguy que permite que sea susceptible de ser interpretado tanto por la izquierda como por la derecha o el centro. De hecho, Robert Burac está convencido de que durante mucho tiempo se han ocultado partes enteras e  importantes de los escritos de Péguy.Durante años la cronología de sus escritos era incierta y sus publicaciones se hicieron de modo desordenado, por consiguiente desde 1914 se puede haber conseguido hacerle decir cosas que él no había dicho en realidad con una finalidad partidista, exactamente igual que habría ocurrido con Juana de Arco. 
           
Tras Mayo del 68 y el referéndum que precipita la dimisión de Charles de Gaulle, la izquierda adquiere la hegemonía cultural y Péguy, que había sido fuente de recursos inspiradores para el gaullismo de la V República, cayó muy posiblemente de forma intencionada en el mayor de los abandonos. Por este motivo muchos franceses nacidos después de 1970 desconocen quién era Charles Péguy y por eso Péguy no entra en los planes de estudio desde mediados de la década de 1970. Al menos queda el consuelo de que aunque no está en los programas educativos, si a las generaciones jóvenes les suena Péguy es por los cinco colegios que llevan su nombre en París, el centro y el liceo de Orleans, la residencia de ancianos de Chartres o las calles, plazas y escuelas que se le han dedicado en todas las ciudades y pueblos de Francia. 

Pero estas dedicatorias en mármol o en piedra son en realidad historicismo, recuerdos en un orden muerto. Todo lo contrario a memoria, que es evocación en un orden vivo. Péguy no forma parte del orden vivo de la Francia actual, sino que ha sido relegado a la indigencia en las mazmorras de la nueva inquisición, la inquisición del discurso de lo políticamente correcto. Por eso es necesario pedirle a la sociedad francesa, a la española también, una limosna de libertad de expresión para que no juzguen a Péguy sin tan siquiera haber intentado conocerle. Por eso, invocando la libertad de expresión, de investigación, y de reflexión, pedimos que no se le desoiga merced a una corrección política que impone limitaciones expresivas, porque los franceses deben recuperar la memoria de un Péguy que forma parte visceral e inextirpable, lo quieran o no, les guste o no, de la historia de Francia. 

Cien años tras su muerte todavía hay algunos que lo admiran y reivindican. Alain Finkielkraut es probablemente el más eminente de sus legatarios de hoy. Actualiza al orleanés que incita a enfrentarnos a la degradación de un mundo moderno que, según Péguy, tiende a convertir en negociable lo que no lo era hasta ahora. Finkielkraut y otros como Jacques Julliard o Pierre Manent dicen que Péguy es hoy imprescindible. Pero ¿por qué habría que leerle si su centenario no será ni celebrado por los poderes públicos? Pues porque Péguy es un rebelde visionario, un libertario de orden, un cristiano de guerra, un propagador de alarmas, un vigilante republicano, un socialista franciscano, en suma, un habitante de la ciudad armoniosa. 

A pesar del silencio del Ministère de l’Enseignement supérieur et de la Recherche en el centenario de su muerte, es muy necesario leer a Péguy, comenzando por L’Argent y Notre jeunesse, porque hay en su obra numerosos antitóxicos. Contravenenos para salvar a la república de los que se sirven de ella. Contravenenos para esclarecer las ideas de quienes piensan que ya no nos quedan deudas con el pasado. Contravenenos para prevenirnos de l’argent convertido en única referencia. Contravenenos para reformular la propuesta educativa. Contravenenos contra la decadencia de un pueblo que desconfía de la Nación y ha perdido toda esperanza y toda fe en el futuro. Péguy nos enseña que hay que luchar contra el punto de vista historicista, impuesto a todas las ciencias humanas. Hay que luchar contra quien conduce a la sociedad a que termine siendo mera espectadora de su humanidad. La sociedad no se mueve, pero cree moverse. No cree, pero cree creer. No vive, pero cree vivir. No lee literatura, per lee objetos literarios. Cuando se pierde la adhesión directa a las fuentes,  se pierde la confianza elemental entre las personas. 

Charles Péguy es hoy desdeñado u omitido en comparación con la abundancia de literatura que inspiró en la década de los cincuenta y sesenta. En España su conocimiento se reduce a un pequeño círculo de lectores. Tampoco ningún español ha realizado anteriormente una tesis sobre Charles Péguy. Su lectura es complicada incluso para un francés nativo. La mayoría de sus obras no están traducidas al español. Otras fueron traducidas en la década de 1940, como Notre Jeunesse, pero su traducción ha quedado completamente obsoleta, por lo que futuros trabajos sobre Péguy en lengua española bien podrían ser una actualización de la traducción de Nuestra juventud. Otras obras fundamentales como L’Argent fueron traducidas sólo en parte y está pendiente traducirla íntegramente. En este sentido queda mucho trabajo por hacer respecto a la traducción de Péguy y a la actualización y contextualización de su pensamiento.   


14 ago. 2014

Ucrania 2005 - 2015: Polvos y lodos.



La primera vez que llegué a Ucrania –diciembre de 2005– quedé sorprendido por algunos hechos que me mostraron que la mentalidad ucraniana seguía pensando en los términos de la Segunda Guerra Mundial.  Como mi espacio aquí es reducido sólo daré ejemplo de cuatro o cinco recuerdos sin entrar en detalles que los hay y son muy reveladores. Pero habrá que dedicarles otro post con más tiempo en otro momento. Al principio me sorprendió que llegar a Ucrania era como si desde la década de 1940 no hubiese pasado el tiempo. En Kíev veía puestos ambulantes que vendían banderitas ucranianas junto a otras de la OTAN, de la UE y de Georgia. No me percaté en ese momento pero luego me preguntaría que relación habría entre aquellas banderitas juntas de Kíev cuando, a la salida del museo de Yalta y en el castillo de Vorontsov, otro puestecito vendía banderas juntas de Rusia, de la extinta URSS y de Corea del Norte.

Estando en Kíev, un día laboral cualquiera por la tarde, crucé la Maidán  o Plaza de la Independencia y me encontré con una manifestación de quizás más de mil personas, no lo sé, donde se ondeaban banderas rojinegras. Al principio pensé que quizás fueran anarquistas, tampoco lo sé, o cenetistas ucranianos, hasta que me percaté de la estética de los presentes. Era una estética inconfundible. Los que me acompañaban, ucranianos, me dijeron que se trataba de una manifestación de un grupo político que se autodenominaba nacional socialista. Me pregunté cómo era posible que en la Europa del año 2005 pudiera haber tanta gente en una manifestación de tal idiosincrasia, nacional socialista, y ostentando la parafernalia propia de aquella ideología. Algo así hubiera estado quizás prohibido en otros países del mundo, o de estar permitido, se habría limitado a un par de centenares de asistentes, pero aquellos eran miles. Por un momento me sentí en la Alemania de 1923 ante un putsch de Kíev. Quizá la comparativa parezca exagerada pero no lo es. En el Oeste, en Lviv, recuerdo un pequeño restaurante que era literalmente la reproducción de un cuartel general alemán de la segunda guerra mundial. El padre del dueño había sido uno de los muchos ucranianos que se alistaron en la wehrmacht. El nacionalismo, el pro europeísmo, la exaltación del tradicionalismo era algo común y frecuente en esta región del oeste y otras ciudades centrales como Vinnitsa.

En Crimea volví a quedar sorprendido pero justamente por todo lo contrario. Llegué desde Odessa a la estación de ferrocarril de Simferopol, todo un monumento al pasado heroico de la gloria soviética. Desde allí, ya de entrada, me acercó a Yalta un septuagenario en un Volga negro de los años 60. Su coche estaba decorado con souvenirs soviéticos y cintas de franjas naranjas y negras de San Jorge. Me pidió permiso para poner un casette en el que cantaba él mismo con su acordeón, y cantaba entre otras canciones, la mítica Cherniy tulpan de Alexander Rozenbaum.  Un himno moral soviético de la guerra de Afganistán. No sólo en Sebastopol, que es base naval rusa, sino en toda la península de Crimea que recorrí, uno tenía la sensación de que estaba en Rusia y que además, la Segunda Guerra Mundial no había terminado. Hay que visitar el museo de la Guerra de Crimea de 1853 en Yalta para constatar que uno se encuentra a fortiori en Rusia. En el Este, en la región del Donbáss, pueblos y ciudades conservaban sus carteles de bienvenida con banderas y simbología soviética  omnipresente.

En Odesa, ciudad con fama de ser la más europea, progresista y cosmopolita de las ciudades ucranianas, muchas de las reuniones y cenas a las que tuve ocasión de asistir tuvieron en común que finalizaran con vodka y cantando el Soyuz Nerushimi, el himno soviético. En las paredes del McDonalds del centro de Odesa, un gran mural en la pared escenifica la entrada de las tropas soviéticas en Berlín pisando  los estandartes de la Alemania derrotada, un signo revelador de orgullo soviético. La gente con la que tenía oportunidad de hablar se solía quejar siempre de lo mismo: Que los pro ucranianos son fascistas; que los de izquierdas son pro rusos comunistas. Una conversación que podía escucharse diariamente hasta la saciedad.

Sin duda que el anhelo de muchos odesitas era seguir siendo rusos. La ciudad y el puerto de Odesa se fundaron por el español José de Ribas y por decreto de Catalina la Grande que la inauguraron como la principal puerta marítima del sur del Imperio Ruso. En la ciudad de Odesa, hermanada con la Valencia española, se encuentra la avenida del Conde De Ribas, que es la avenida con las instituciones más finas. Allí se encuentran los monumentos a la emperatriz Catalina y a De Ribas. La avenida dedicada al conde español, Derivasovskaya, desemboca en las imponentes escaleras de Potemkin, inmortalizadas por Eisenstein en la gran obra del cine "El acorazado Potiomkin." Aquel largometraje basado en hechos reales de los marineros rusos que se rebelaron en el puerto de Odesa en 1905, fue la premonición y el preludio de la posterior Revolución soviética de Octubre de 1917.

Cuando estando en Odesa presencié en junio de 2006, que una cena de amigos en la que se estaba conversando sobre si Ucrania tenía que acercarse a Europa o a Rusia tenía un final a puñetazos, y que los insultos que se proferían eran algo tan absurdo para mí y tan grave para ellos como fascista y comunista, me acordé mucho de nuestra propia historia.

22 jun. 2014

Ucrania, doble error


En el discurso de Crimea de marzo de 2014, Vládimir Putin afirmó en la sala de San Jorge del Kremlin: “Todo tiene sus límites, y en el caso de Ucrania, nuestros socios occidentales se han pasado de la raya, se han comportado de manera grosera, irresponsable y poco profesional. San Petersburgo fue la cabeza de Rusia, Moscú su corazón, pero Kiev fue la madre”.

Ucrania es fundamental  para la identidad de Rusia porque los habitantes del territorio que hoy constituye Ucrania fueron los primeros rusos.  Cuando Yanukovich abandonó el ejercicio de sus funciones rumbo a Rusia el pasado febrero de 2014, declaró ser el presidente legítimo de Ucrania, calificando de golpe de Estado la revolución popular de la Maidán.  El caos no había hecho más que comenzar  al tiempo que era inflamado por el mismo Yanukovich, orientado por una obediencia inteligente a distancia. Desde el momento del abandono de poder y de la huida de Yanukovich rumbo a la Rusia protectora, era fácil prever que esta situación sólo podía significar una cosa: Guerra Civil.

Ucrania, doble error: Identidad y estrategia

Ucrania es un país con un doble problema: por un lado tiene un problema interior, un problema de identidad que consiste en que muchas de las regiones se debaten entre una identificación ínsitamente rusa o ucraniana. Pero esto es, en realidad, un problema amplificado deliberadamente por la política para que la ciudadanía tome partido. Porque el orgullo de los ucranianos radica en ser el núcleo embrionario de Rusia y eso implica sentirse tan ucranianos como rusos, o lo que es lo mismo, saberse extraordinariamente más unidos por lo que les une que por lo que les separa. El problema de la identidad es un problema artificial que la política ha convertido en un problema auténtico. Por consiguiente, sería un grave error histórico por parte de los políticos el alentar a los ucranianos a que tomen posiciones en base a diferencias artificiales.
Por otro lado, Ucrania tiene un problema exterior que no sabe gestionar, un problema de cariz estratégico, que consiste en la dependencia energética del sector industrial del Este del país. Esto sí es parte del problema auténtico. Para añadir más complicación, el 40% del gas que recibe la Unión Europea procede de Rusia y la mitad de ese gas llega a través de Ucrania.

Rusia vendía los mil metros cúbicos a Ucrania en dólares a un precio de 268,5$. La Unión Europea recibía ese gas a 350$. Pero en abril de este año, debido al impago de la deuda ucraniana con Rusia, Moscú decidió dejar de suministrar gas a Kíev a precio reducido y el precio del gas aumentó de 268,5 a 385,5$. También en abril, el monopolio ruso elevó la tarifa hasta los 485$ tras eliminar otro descuento que se había acordado en 2010 a cambio de prorrogar la permanencia de la flota rusa del mar Negro en Sebastopol, Crimea, recientemente anexionada a Rusia.

En la actualidad, Ucrania tiene la tasa más alta de gas entre todos los clientes del monopolio Gazprom, muy por encima del precio medio de 370$ en la UE. Si la renta media en Ucrania gira en torno a 200$ y el invierno en Kíev llega a alcanzar los -32ºC es lógico deducir que la verdadera crisis llegará este invierno. Ucrania produce gas para satisfacer el consumo interno de las familias, pero no para mantener el consumo industrial, que precisamente es el consumo más demandado en las regiones del Este recientemente autoproclamadas como Novorossia. Si llega un corte del suministro ruso y el gas ucraniano no se nacionaliza, aumentará exponencialmente el precio del gas en Ucrania. La situación puede desembocar en catástrofe civil y radicalización del gobierno de Kíev si no hay verdadera voluntad política de solucionar los problemas.

Con este escenario cada día cuenta. Sin embargo, lo que está haciendo Arseni Yatseniuk es situarse a la vanguardia de los países que desean mantener a Rusia aislada de Europa y lograr que se la asocie geopolíticamente como una nación asiática. Al tiempo, Bruselas trata de presionar a Rusia apoyando a Ucrania, y ha dado la orden a Bulgaria para que detenga la construcción del gaseoducto South Stream. Con esta decisión Europa se cierra a sí misma el grifo del gas que llega por Ucrania y por Bulgaria como estrategia de fuerza para terminar con la guerra del gas. Pero cuando llegue el invierno  Ucrania, Europa no tendrán más remedio que ceder.

Mientras tanto, el drama de los centenares de muertos encona todavía más el antagonismo entre pro-rusos y ucranianos que ya ni se hablan y ni se quieren escuchar, y todo ello con la complacencia de los medios, en particular de los rusos, que enfrentan dialécticamente a los que llama fascistas de Kíev contra aquellos otros a los que los medios ucranianos llaman agentes de Moscú. El camino hacia el abismo es tanto más grave cuanto más se acrecienta la impotencia del Estado para asegurar la integridad territorial. 

Ucrania, doble dirección: Polonia o ex-Yugoslavia

El presidente pro-ruso Víktor Yanukovich demostró una palmaria incompetencia con la rebelión de la Plaza de la Independencia. Unas fuerzas de seguridad profesionales no pueden primero disparar contra manifestantes y luego dejar las calles en manos de esos mismos manifestantes. Ello derrocó al gobierno, pero el gobierno también se derrocó a sí mismo gracias a una Administración, un Parlamento y una economía corruptas. La administración estaba corrompida y mediatizada por oligarcas de la antigua URSS y por la familia del presidente huido, conocida como “La Familia”. Según la edición ucrania de la revista Forbes, en enero de 2014 el hijo dentista de Yanukóvich obtuvo el 50% de todas las licitaciones de estomatología del Estado. La mayor franquicia de sacar muelas de la historia.
La violencia dentro de un Estado no puede más que terminar con un enfrentamiento entre dos fuerzas opuestas, las fuerzas centrífugas y las centrípetas. Sólo puede seguir dos direcciones totalmente contrarias. Puede desgarrar el Estado, como ocurrió con Yugoslavia, o si los ciudadanos encuentran una empresa colectiva que supere todas sus diferencias puede unir fuertemente y consolidar una nación, como ocurrió con Polonia. Ante la injerencia Rusa por la autodeterminación, y la legítima defensa ucraniana de la integridad territorial, hay que recordar que un Estado-nación es un país en el que el Estado crea la identidad nacional común merced a la convivencia de las regiones que la integran, con todas y cada una de sus entrañables tradiciones y costumbres. Lo que no es un Estado-nación es un país donde el Estado impone la identidad merced a la superioridad numérica de una parte de la población sobre el resto.

Quizás Ucrania debería abordar una reforma de la Constitución que otorgue mayor poder al Parlamento que al Presidente,  con una representación más proporcional y con una mayor autonomía para las provincias del Este. Son muchas las fórmulas posibles y las reformas que en el país están por llegar. Mientras llegan, estos meses de violencia pasarán a la historia como la lucha de  Ucrania para afianzarse como país y como Estado. Porque Ucrania tiene ahora la mayor oportunidad de su historia de consolidarse como Estado. El fracaso significará la balcanización. Todo está en manos de los ciudadanos ucranianos. La elección es muy difícil. Con Ucrania oriental y un corredor desde Crimea a Transnistria -con Odessa como primer puerto- Rusia se convertiría en la primera potencia política mundial del Zar Putin. Sin Rusia, los dos países tienen todavía la oportunidad de consolidarse como Estado-nación y defender un sistema político que aunque imperfecto, debe perseguir la paz como el primer y más valioso bien común.

Transnistria, kaliningradización en la frontera de Ucrania


Edward Hallett Carr, en su obra sobre la revolución rusa, deja nota de la anécdota que difundían los marineros del Aurora que afirmaban que lo primero que hizo Lenin al instalarse en el Palacio de Invierno fue colgar en su despacho un cuadro de Pedro el Grande ante la perplejidad de Trotsky, al que le aseguró que la revolución no triunfaría en Rusia si le daba la espalda a la tradición y a su propia historia.

El pasado 16 de abril, el Parlamento de la República Moldava de Transnistria aprobó una resolución en la que hizo un llamamiento a Rusia, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y la ONU a reconocer su independencia. La crisis en Ucrania y la anexión de Crimea han despertado las fuerzas secesionistas y los legisladores de la región independentista han recordado que, en el referéndum del 17 de septiembre de 2006 (coincidiendo con la revolución naranja), el 98 % de la población se pronunció a favor de la secesión de Moldavia y la posterior adhesión a Rusia.

Transnistria está situada longitudinalmente entre el río Dniéster y la frontera con Ucrania dentro de Moldavia. Hoy en día, Moldavia incardina estrictamente sus  fronteras a la región de Besarabia, creada en 1812 por Rusia tras arrebatársela al Imperio Otomano que ocupaba Moldavia. Rusia llamó a aquella región Besarabia hasta 1940, cuando Moscú crea el Estado de Moldavia como resultado del pacto de no agresión Ribbentrop-Molotov por el que alemanes y rusos se dividieron sus respectivas zonas de influencia en Europa.

Rusificación de Moldavia

Cuando la región rumana de Moldavia fue anexionada por el Imperio ruso en 1812 comenzó un lento pero eficaz proceso de rusificación. En 1829 el uso de la lengua rumana estaba prohibida en la administración. En 1833 la lengua rumana había sido prohibida en las iglesias. En 1842, la enseñanza en rumano estaba prohibida para las escuelas secundarias y quedó prohibida para las escuelas primarias en 1860. En la segunda mitad del siglo las autoridades rusas obligaron a la migración de los rumanos moldavos hacia otras provincias del Imperio ruso (especialmente Kazajstán y Siberia) mientras que se alentó a los grupos étnicos extranjeros (rusos y ucranianos) a establecerse en Besarabia.

Según el censo rumano de 1817, Besarabia estaba poblada  por un 86 % de rumanos moldavos, un 6,5 % de ucranianos y un 1,5 % de rusos.  Tras ocho décadas, la proporción de la población rumana se redujo en un 30% y la de rusos pasó a ser la segunda mayor población de Moldavia.

El idioma nacional moldavo, creado entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial por las autoridades soviéticas, era en realidad la propia lengua rumana pero escrita con la escritura cirílica del alfabeto ruso. Los efectos culturales y lingüísticos de la rusificación se manifiestan hoy en delicadas cuestiones de identidad. Como cabe esperar, en la región separatista de Transnistria el idioma oficial es el ruso.

En 1990, y originando una Guerra Civil, fue cuando se instauró unilateralmente la república moldava independiente de Transnistria, no reconocida por ningún Estado miembro de las Naciones Unidas. Aunque no se diga oficialmente, la población de origen ruso promovió la guerra. Las autoridades civiles y militares del alto mando moldavo de origen ruso dieron órdenes específicas que permitieron que los tanques y acorazados moldavos cruzaran el río Dniéster hacia Transnistria, cuando tenían aviación e infantería para impedirlo.

Hoy, Transnistria es una república presidencial no reconocida pero independiente, con su propio gobierno, parlamento, ejército, policía, sistema postal y moneda. Sus autoridades han adoptado una constitución,  bandera,  himno nacional y escudo. Sin embargo, sólo Nagorno Karabaj, Abjasia y Osetia del Sur mantienen relaciones diplomáticas con Transnistria y reconocen el país.

El binomio economía y educación

Para llegar a Transnistria hay que coger el autobús de la Gara Centrala en Chisináu. Desde Odesa, en el año 2006 la carretera a Moldavia estaba en muy mal estado. Cuando llovía se encenagaba  y contaba sólo con un carril que era precisamente el más frecuentado por el contrabando. Al llegar al puesto fronterizo se tenía la sensación de estar en los años 40, porque había que traspasar una simple barra rojiblanca y entrar en una garita custodiada por soldados inflexibles a los que convenía decir a todo que sí, especialmente en cuestiones monetarias.

Transnistria tiene su propio banco central que emite la moneda de Transnistria, el rublo. La economía de Transnistria se describe con frecuencia como dependiente del contrabando y el tráfico de armas, y ha sido etiquetada en no menos ocasiones de État voyou (Estado paria). Estas acusaciones son negadas por el gobierno de Transnistria y minimizadas por los funcionarios de Rusia, sin embargo, el Banco de Transnistria existe y se sostiene porque cuenta con el respaldo financiero de Moscú.

Junto con la economía, otro contrafuerte de la independencia es la educación que tiene lugar en lengua rumana pero usando un alfabeto cirílico. El uso de la escritura latina se restringió a sólo seis escuelas después de 1990, y cuatro de estas escuelas fueron cerradas por la fuerza por las autoridades transnistrias que afirmaban que era debido a la negativa de las escuelas a solicitar su reconocimiento oficial. Estas escuelas fueron posteriormente registradas como escuelas privadas y reabiertas. Pero en noviembre de 2005, Ion Iovcev, director de una escuela de lengua rumana en Transnistria y crítico con los dirigentes de Transnistria, recibió llamadas con amenazas de muerte que denunció y atribuyó a sus críticas al régimen separatista.

La kaliningradización de las fronteras 

Como hemos visto, Transnistria ha sido una región de Moldavia poblada por rumanos de origen moldavo que sufrió un proceso de rusificación a partir de 1812. Hoy en día, es un museo vivo de la antigua URSS que paradójicamente practica un capitalismo salvaje e insostenible. De hecho, si Rusia no estuviera prestando constante ayuda financiera en un mes colapsaría y tendría que volver a incorporarse a Moldavia.
Cuando la URSS dirigía los designios de Moldavia,  los pobres trabajaban en el campo y las fábricas mientras los rusos ocupaban los mejores cargos en la administración. Es precisamente la herencia de aquel tiempo la responsable de que cuando un moldavo se encuentra con un ruso, de inmediato se pone a hablar en ruso asumiendo el papel  de socialmente inferior.

Con este escenario, el futuro próximo de la región fronteriza del río Dniéster está dejando de ser incierto. La anexión de Crimea y la sublevación de las provincias rebeldes de Ucrania ha reafirmado a los secesionistas, mientras el Parlamento de Transnistria pretende ahora introducir la legislación rusa en todo el territorio, lo que no dejar de ser consecuencia de la política de kaliningradización de Moscú y el preludio de una probable unificación con Rusia.

Diplomáticamente, Rusia defiende la concesión de un estatus especial a Transnistria, mientras la UE propone que la región permanezca en el seno de Moldavia como una autonomía con grandes competencias. Pero en la calle, la población sufre un conflicto identitario y al igual que en Ucrania, Transnistria se encuentra dividida entre Rusia y Occidente.

Por un lado, los transnistrios anhelan volver a formar parte de una Rusia que tuvo siempre misión de imperio, cristiano o pagano,  mientras por otro lado, la posibilidad de entrar en el espacio Schengen promete, aparentemente, la posibilidad de una vida con más oportunidades. Al tiempo, y como si fuera un nuevo Pedro el Grande, Vladimir Putin le va devolviendo al mundo una bipolaridad perdida en 1990 que algunos creyeron el fin de la historia. Sólo cabe esperar que una nueva bipolaridad no traiga consigo otra Hora 25.



16 dic. 2013

Ucrania, entre Oriente y Occidente



La economía ucraniana ha sido un ejemplo típico de economía post-soviet, que crece rápidamente. El mercado de acción ucraniano creció 10 veces entre 2000 y 2006. El sueldo nominal promedio en Ucrania por el comienzo de 2007 superaba los 200 euros por mes. Por otro lado, el país importa la mayoría de las fuentes de energía, aunque en gran medida depende de Rusia como surtidor de energía. Así, mientras que el 25 % del gas natural en Ucrania procede de fuentes internas, cerca del 35 % procede de Rusia y los 40 % restantes, de Asia Central a través de rutas de tránsito controladas por Rusia. Simultáneamente, el 85 % del gas ruso se entrega a Europa occidental a través de la puerta de Ucrania.

Ucrania produce prácticamente todos los tipos de vehículos de transporte: automóviles, autobuses, carros de combate, buques, aeroplanos, trenes de metro y de ferrocarril, e incluso naves espaciales y satélites. En años recientes, la alta producción tecnológica de última generación se ha convertido en norma. Como la mayoría de las industrias han experimentado una modernización significativa, los vehículos Ucranianos se han hecho económicamente más competitivos. Los aviones de la compañía Antonov y los carros de combate de Kraz se exportan a muchos países. Por otro lado, el sector inmobiliario aumentó aproximadamente un 50% a partir de 2007, y el país ha sufrido una burbuja inmobiliaria similar a la del sur de Europa en muchas de sus grandes ciudades, especialmente en Kíev.

En 2012 ha sido sede de la Eurocopa y el Gobierno ucraniano ha realizado una importante inversión por mejorar las infraestructuras del transporte con la creación de nuevas autovías hacia las principales ciudades del país, lo que revierte en potencialidad de negocio e inversión en el sector del transporte en un país donde las carreteras no son buenas y el transporte público terrestre es muy deficiente y obsoleto, ya que no hay alternativas cómodas y seguras al tren en distancias largas. No obstante, el transporte en Ucrania conserva un aire romántico merced al cual, viajar en tren evoca un preciosista retroceso a los años 50, con sus uniformadas azafatas coronadas de ushankas estilo soviet, sus recibimientos con hilo musical de banda de música en la estación y sus viejos pero cuidados vagones, todavía de madera en su interior. Bien le valdría la pena al país no perder un regalo tal para los sentidos tanto en invierno, cuando se congela el Mar Negro, como en primavera, cuando florecen los mares de trigo. O al menos, conservar para el turismo vías como Kiev-Odesa-Sebastopol.

Ucrania ha sido desde 2005 el país europeo con mayores índices de crecimiento y uno de los países del mundo que más rápidamente avanza hacia el progreso, entre otros factores, por contar con la tierra más fértil de Europa (las chernozem, tierras negras),  por la gran capacidad de generar recursos económicos de que dispone el país, por el muy elevado nivel cultural de los ucranianos, y por constituir un pueblo de una resiliencia a toda prueba forjada por una historia de holodomores y progromos, de la que han sabido salir con fortaleza. No obstante, es un país de profundos contrastes que arrastra una lacra política desde 1991 que cristalizó en la revolución naranja y que podría abocar muy fácilmente al país a un enfrentamiento civil

El nombre del país proviene del término krajina, que en eslavo puede tener dos significados: "frontera" o "país". En ucraniano moderno Kраїна  /Kraína/ significa "país" y muchos ucranianos también explican de un modo más castizo, que al añadirse la "u" inicial a Ukraïna significa país "en la frontera" o "al borde" de Rusia. Hay que señalar que el pueblo ucraniano es un pueblo orgulloso que no puede olvidar su grandeza como capital del Gran Rus de Kíev que aglutinaba a ucranianos, rusos, bielorusos, polacos, lituanos, letones, eslovacos e incluso escandinavos. Pero hoy el país busca su identidad propia e independiente de muy diversas formas, a través de la historia cosaca por ejemplo, como muestra su escudo y las numerosas esculturas dedicadas a cosacos en el país, pero esa identidad se busca muy especialmente con su musical idioma. La lengua, como siempre, cobra especial valor y en la escuela es en el primer lugar donde comienzan las tensiones entre los pro-rusos y los pro-europeos cuando los padres de niños ruso hablantes se quejan de que en el colegio sólo se enseña el ucraniano y se veta el ruso. Un hecho que en España puede resultar familiar.


Situación política de Ucrania en la actualidad


En las elecciones presidenciales de primera vuelta que se celebraron el 31 de octubre de 2004, se llevó a cabo una alianza pro-occidental entre el Bloque Nuestra Ucrania de Víctor Yushchenko y el Bloque Batkivshchina de Yulia Timoshenko, aliados contra el bloque pro-ruso del candidato Víktor Yanukóvich del Partido de las Regiones. El resultado de primera vuelta dio la victoria a Yushchenko con el 39,87% sobre Yanukóvich con el 39,32% pese a las irregularidades presentadas y los actos de corrupción.
Para la segunda vuelta realizada el 21 de noviembre de 2004, el pro-ocidental Yushchenko recibió el apoyo del Partido Socialista y Yanukóvich el apoyo del Partido Comunista, pero esta segunda vuelta fue calificada como un inmenso fraude por los organismos internacionales debido a las innumerables irregularidades y actos de currupción. El 23 de noviembre de 2004 los partidarios de Yushchenko salieron a la calle a protestar en lo que se llamó revolución naranja. En la Maidan Nezalezhnosti (Plaza de la Independencia) de Kiev había 500.000 protestantes y las protestas se extendieron rápidamente a otras ciudades colapsando el país.

En diciembre de 2004 se reunieron Yushchenko y Yanukóvich para pactar unos nuevos comicios a la Presidencia de la República que serían el día 26, invalidándose los anteriores comicios del 21 de noviembre. Las nuevas elecciones presidenciales, ya calificadas como limpias y transparentes, dieron la victoria a Yushchenko con el 52% de los votos sobre un 44% de Yanukóvich. En 2005 Yúshchenko despidió de su gobierno a varios funcionarios del gabinete de la Presidencia de la República, entre ellos a su aliada, la pro-occidental Timoshenko, por acusaciones de fraude en sus gestiones.

Posteriormente llegaron las elecciones al parlamento del 26 marzo de 2006, año en que se produce la ruptura definitiva entre los partidos aliados que llevaron a cabo la revolución naranja y se formó gobierno tras un acuerdo entre los dos partidos rivales, Nuestra Ucrania y el Partido de las Regiones. Este acuerdo se plasmó en una Declaración de Unidad Nacional en la que se manifestó ambos bloques que eran pro-reforma y pro-occidente. Pero ello representó una convergencia sino que fue una fuente de conflictos porque Yanukovich aceptó el pacto pero siempre ha actuado como representante de la población rusófila, generalmente muy orgullosa de la antigua gloria soviética.

En la actualidad existen tres principales partidos políticos, pero ninguno con la suficiente fuerza para tener la mayoría. El que suele tener mayor representación parlamentaria suele ser el Partido de las Regiones liderado por Yanukovych. El segundo partido es el bloque de Yuliya Timoshenko, Primera Ministra entre 2007 y 2010 (y encarcelada posteriormente según sus defensores para no hacer sombra a Yanukovich y Yushchenko), y el tercero  el partido anti ruso Nuestra Ucrania, constituido por alianzas entre partidos pequeños y cuyo líder, todavía con las señales del envenenamiento por dioxina en su rostro, es Yushchenko. Toda la política Ucraniana desde la revolución naranja  de 2004 ha girado en torno a Yanukovich, Yushchenko y Yuliya Timoshenko, que se han ido turnando en la presidencia y el gobierno.

La sociedad ucraniana presenta un grado muy alto de polarización en torno a lo pro-ruso y lo pro-occidental, que a su vez tiene una localización geográfica y una preferencia en la utilización del idioma ruso o ucraniano. La parte del este que limita con Rusia y el sur, que incluyendo Crimea y Odesa, apoyan y defienden la alianza con Rusia. Las partes norte y oeste, especialmente Lviv, se definen pro-occidentales y esperan que Ucrania forme parte de la OTAN y de la UE. Así, la población se divide claramente entre pro-rusa o pro-europea. Añadido a esta tensión, los ciudadanos no confían en las Instituciones públicas ni en la clase política, y el nivel de corrupción en la administración es muy alto. Los sobornos a funcionarios suelen ser necesarios en casi cualquier gestión civil ciudadana y a este panorama hay que sumarle bajos salarios, inflación y una inestable situación política. No obstante, se trata de un pueblo fuerte, culto y orgulloso, cuya motivación para construir el país hace posible que superen año tras año una coyuntura tan desfavorable.

Entre Oriente y Occidente

Los pro-occidentales, representados por la ex-Primer Ministro Timoshenko y el ex-Presidente Viktor Yushchenko, siempre han considerado la ampliación de la permanencia de la base rusa de Sevastopol hasta el 2042 una traición a la patria. Pero la agudización de las mayores tensiones políticas de Ucrania se desató tras la decisión del gobierno ucraniano de interrumpir los preparativos de la firma de un acuerdo de asociación y libre comercio con la UE. Se trataba de un convenio que tenía previsto firmarse en la ya reciente Cumbre de Vilna y que preveía la integración de Ucrania, Moldavia, Georgia y Ucrania según los acuerdos de la cumbre de Praga del 2009. La negativa de Yanukovich al acuerdo estuvo motivada, según su Primer Ministro Nikolai Azarov, por motivos económicos. Azarov llamó limosna a los 1.000 millones de euros que la UE ofrecía a Ucrania en un plazo de siete años, y de inaceptables algunas condiciones de la UE como la liberación de la ex-primer ministra Yuliya Timoshenko o la reforma de la ley electoral. Tras la negativa de Yanukovich, Yuliya  Timoshenko inicia en abril de 2012 una huelga de hambre desde su celda generándose un calco del clima de la Revolución Naranja del 2004.

Tras este fallido intento de la adhesión de Ucrania al tratado de Libre Comercio con la UE, subyace sin duda la grave situación económica del Gobierno de Yanukóvich, que toma forma en la necesidad urgente de actualizar el tejido productivo ucraniano a los estándares y requisitos técnicos europeos, una actualización estimada por el BM y el FMI en 160.000 millones de dólares. Sin embargo, dicha actualización es imposible tras el fallido intento de lograr del FMI un préstamo de 830 millones de $ necesarios para lograr la transición de la economía ucraniana antes de su incorporación a la UE. Un crédito que tendría como requisitos ineludibles la congelación de salarios y pensiones y la subida del precio del gas, medidas impopulares en un país con una deuda cercana a los 136.000 millones $ y un preocupante estancamiento económico, a lo que se une la falta de garantías plenas para una posible integración de Ucrania como miembro de pleno derecho de la UE, así como el actual rechazo de la opinión pública europea a dicha plena integración. Según William Engdahl en declaraciones para Rusia Today " los ciudadanos europeos se sienten muy incómodos con la idea de que Ucrania se incorpore a la UE, pues la zona está en una crisis profunda debido a la bancarrota de Grecia, Portugal, Italia y otros países del sur y no tienen el dinero para hacer algo positivo para Ucrania".

La puntilla final a la crisis ucraniana proviene del suministro de las fuentes de energía. Hay que recordar que el proyecto del gasoducto Nabucco West , proyectado por EEUU para transportar gas azerí a Europa a través de Turquía, Bulgaria, Rumania y Hungría (y así evitar el chantaje energético ruso) fracasó al haberse inclinado Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán por el proyecto ruso del gasoducto South Stream. Por parte rusa, en el 2007 se presentó el gasoducto South Stream , gasoducto de 39.000 millones de dólares que recorre Rusia, Bulgaria, Serbia, Hungría, Eslovenia e Italia y que tras la crisis ucraniana del gas de 2006, garantiza el suministro de gas ruso a la UE evitando el paso por Ucrania.  (Azerbaiyán se retiró del South Stream en junio de 2013, al ser  elegida para Azerbaiyán la vía alternativa del Gasoducto Transadriático TAP, Trans Adriatic Pipeline, mediante el cual Azerbaiyán exporta su gas hacia Europa a través de Grecia, Albania e Italia, aunque sólo puede transportar un tercio del proyecto Nabucco, por lo que no supone ninguna amenaza para los intereses de Rusia.)

Posteriormente, la administración ruso-germana ideó el proyecto Nord Stream que conecta Rusia con Alemania por el mar Báltico, con una capacidad de transporte de 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año y con una vigencia de 50 años. Dicha ruta resulta vital para el suministro energético de Alemania y Países Nórdicos. Por tal motivo, se ha declarado de "interés europeo" por el Parlamento Europeo y objetivo geoestratégico de primer orden para Rusia, pues con dicha ruta se cierra la pinza energética rusa por el Báltico y por el Cáucaso, descartándose a las Repúblicas Bálticas, Polonia y Ucrania como territorios de tránsito energético. Rusia conseguiría así su doble objetivo de asegurar un flujo ininterrumpido de gas hacia Europa por dos vías alternativas (lo que invalidaría la tesis de la ex-Secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, que afirmaba que Rusia "quiere estrangular la economía europea") y garantizaría el suministro ininterrumpido de gas ruso a los países de la UE evitando el tránsito por Ucrania cuando  antes, más del 80% del total del gas que la UE importa de Rusia pasaba por Ucrania.


2 nov. 2013

El dividendo de la paz en la escena internacional

  
Con el fin de la Guerra Fría termina el dilema soviético cañones o mantequilla y llega a su fin la escalada de déficit fiscal de la era Reagan por la Guerra de las Galaxias. En la década de 1990, los paladines de la cultura de paz alimentan grandes ilusiones al pensar que la desaparición de la tensión bipolar traerá consigo una reducción del gasto militar, cuyos dividendos podrán dirigirse al desarrollo humano. En este contexto surge el concepto dividendo del desarme o dividendo de la paz.
Detrás de esta idea está la creencia política de que un ahorro del gasto militar puede ser utilizado para fines sociales y generar dividendos de bienestar civil. De esta forma, el reparto de los recursos financieros generados por una disminución del presupuesto militar pueden invertirse en desarrollo social, sin perjuicio de abordar otros dividendos como por ejemplo, la disponibilidad de trabajadores, infraestructuras y conocimientos técnicos militares que son susceptibles de ser utilizados también para fines sociales.
Sin embargo, la década de los noventa se ha caracterizado por un rearme y un aumento exponencial en la brecha de desigualdades, entre el Norte y el Sur y dentro del Norte. También se ha producido un aumento en el número de los conflictos armados del planeta, delimitados ahora a nivel regional, y ha surgido un nuevo tipo de guerra, la guerra contra el terrorismo, que al no localizarse materialmente en espacio y tiempo determinado adquiere un carácter perpetuo. De este modo, aunque hayan pasado más de 20 años desde la caída del Muro de Berlín y el fin de los dos bloques opuestos, se observa que no se ha materializado en absoluto la potencialidad beneficiosa de aquel desarme.
Los detractores del dividendo suelen decir que con la reducción del gasto militar que tuvo lugar en países europeos del Mediterráneo o escandinavos, se pudo apreciar una reducción del número de efectivos de las fuerzas armadas que en realidad se fue a engrosar el número de parados. En efecto, hemos visto cerrar bases militares que han afectado de forma negativa a muchas regiones. Se han cerrado fábricas de armamento y despedido a gran cantidad de trabajadores. Tampoco olvidemos que Sarkozy dijo “O vendo armas a Gadafi, o mi país pierde puestos de trabajo”.
Para paliar estos argumentos de los detractores del dividendo del desarme, algunos autores como Huffschmid sostienen que no hay que apostar por un desarme, sino por una transición hacia la reconversión de una economía y una política con objetivos y estructuras militares, a una política y economía de solidaridad. Los obstáculos para esta reconversión son muchos. La corriente neoliberal lo pone difícil y hace que las consecuencias del cierre de bases o la reducción de pedidos militares sean regulados por el mercado. Por otro lado, a nivel internacional los gobiernos nacionales siguen una política de apoyo a sus empresas multinacionales para que éstas ganen cuotas en el mercado mundial a partir de la mejora de su competitividad, y algunas de esas empresas son del sector armamentístico.
Lo cierto es que en un clima de relaciones económicas internacionales cada vez más agresivas, no favorece en nada a las economías occidentales la reconversión de una economía de guerra hacia una economía de paz. Al igual que cualquier cambio, este proceso es profundamente difícil. Debe crearse una fuerza que impulse y dirija de forma constante el cambio. Pero según Huffschmid, no se puede esperar que las administraciones estatales ni las empresas privadas lideren este cambio, puesto que viven del actual statu quo. Un movimiento pacifista tampoco, porque aunque pueda aportar la base ideológica, es prácticamente imposible que consiga algún cambio en un sistema burocrático instaurado que le es reaccionario. Por este motivo, el impulso para el cambio hacia una cultura de paz internacional sólo puede venir de dos frentes.
Por un lado, el impulso debe venir de aquellas personas cuya situación está directamente afectada por las estructuras económicas y políticas de la industria armamentística, es decir, los trabajadores asalariados de las propias empresas armamentísticas e industrias conexas, que actuando en conciencia, decidan encontrar sus medios de vida a través de un modo más ético que no contribuyendo a la fabricación de material armamentístico. Por otro lado, el impulso debe venir de las Naciones Unidas. Se trata de invertir en desarrollo humano todo lo que se invierte en maquinaria de guerra, cuando los países con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidad son las cinco primeras potencias exportadoras de armamento. Con esta difícil coyuntura, no hay mayor declaración de respeto a los Derechos Humanos que una declaración de abstención absoluta y sin reservas, de la amenaza del uso y del uso de la fuerza, que sea ratificada por todos los países miembros.